
El eterno enigma de Raymond Roussel (1877-1933).
Campeón de la Palabra y Presidente de la República de los Sueños, poeta, novelista, dramaturgo, músico, ajedrecista, filólogo, dandy, multimillonario, etc. etc.
Un ejemplo radical de Patafísica involuntaria, resultando así Roussel - inconsciente de ello - más surrealista, en su delirio, que los propios surrealistas, cuya admiración (más jóvenes ellos) no alcanzaba a entender. André Breton diría de él: “es el más grande magnetizador de los tiempos modernos.”
LOCUS SOLUS, publicada en 1914, y novela posterior a la también fantásticamente irreal IMPRESIONES DE ÁFRICA, es como dice Enrique Vila-Matas: “muy alejada de lo que hasta entonces en mi tierra me habían dicho que era una novela.”
Como eterno bibliófilo de rarezas que soy, puedo afirmar que no existe un lugar igual, ni en la literatura ni ninguna otra parte, a Locus Solus, esta villa que recorremos en un largo paseo, de la mano del anfitrión Martial Canterel, filántropo, erudito y científico genial. Porque todo sucede aquí como en el tejido etéreo y fantasmagórico de los sueños, nada es real en las novelas de Roussel, creadas a partir de un sistema muy particular y complejo de juegos fonéticos; método explicado póstumamente en su obra CÓMO ESCRIBÍ ALGUNOS DE MIS LIBROS. Y como en los sueños, todo es Alucinación aquí, los experimentos rocambolescos y máquinas solteras que nos muestra Canterel, se suceden y se nos aparecen tan bellas y fantabulosas, como morbosas y experimentadas entre la frialdad y la mayor naturalidad.
Tan sólo nombrar entre las maravillas de este peculiar Parque de Atracciones: un martinete formado por un mosaico de dientes, un gigantesco diamante relleno de agua en la que flota una chica que baila, un gato afeitado que transmite electridad, la sustancia llamada resurrectina… y muchas otras sorpresas oníricas e hiperbólicas que esperan al lector atrevido. No es de extrañar, pues, que LOCUS SOLUS, fuera el libro predilecto de Salvador Dalí, de entre su nutrida biblioteca.
Este fulgurante enigma Roussel (la clave de los sueños), a pesar de la compleja lectura de sus obras, merece visitar tanto LOCUS SOLUS, esta mágica villa y catedral literaria del delirum tremens, como sus IMPRESIONES DE ÁFRICA, que en poco o nada se asemejan al África negra, ni a ningún otro lugar del universo conocido.
“Son conocidos los éxtasis de Plotino, los de Nietszche y el célebre éxtasis de Jean-Jacques Rosseau en el bosque de Vincennes (...) pero querría hacer hincapié en un estudio mío al que tendré que aludir varias veces, el de Martial. Ese hombre de cuarenta y cinco años lleva una vida muy singular: vive solo, muy retirado, muy aislado de una forma que parece muy triste, pero que le basta para colmarlo de alegría, pues trabaja casi constantemente. Trabaja de forma muy regular, determinada cantidad de horas al día, sin permitirse irregularidad alguna, con gran esfuerzo y, frecuentemente, con gran cansancio, edificando magnas obras literarias.”
(DR. PIERRE GENET)
“Alcanzaré cimas gigantescas y nací para una gloria deslumbrante. Puede tardar en llegar, pero mi gloria será mayor que la de Victor Hugo o Napoleón. Wagner murió veinticinco años antes de lo debido y no llegó a conocer su gloria; yo espero vivir lo suficiente para contemplar la mía... Hay en mí, en potencia, una gloria inmensa, como en un proyectil de obús formidable que no hubiera explotado aún... (...) Ningún autor ha sido ni puede ser superior a mí; hoy en día aún no se percata casi nadie, pero ya ve, ¡hay personas predestinadas! Como dice el poeta: y de pronto notamos un ardor en la frente... Esa estrella deslumbradora que se lleva en la frente. Sí, noté en una ocasión que llevaba una estrella en la frente y nunca lo olvidaré.”
“Notas, en algo particular, que estás haciendo una obra maestra, que eres un prodigio; hay niños prodigio que se dan a conocer a los ocho años, yo me estaba dando a conocer a los dieciocho. Era parejo a Dante y a Shakespeare, sentía lo que Victor Hugo, ya anciano, sintió a los setenta, lo que Napoleón sintió en 1811, lo que Tannhäuser soñaba en la Montaña de Venus: sentía la presencia de la gloria.”
(RAYMOND ROUSSEL)
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