
Los ojos no advertidos, quiero decir no enterados de lo que van a ver, pero también no falseados por la manera de ver.*
“Más vale ser desconocido que mal conocido. La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver. Además, la obra debe preservar su misterio. Cierto, la publicidad no disipa los misterios y Homero sigue siendo Homero, después de miles de años y miles de ediciones. No los disipa pero los degrada: hace de Prometeo un espectáculo de circo, de Jesucristo una estrella de music-hall, de Las Meninas un icono de obtusas devociones y de los libros de Marx objetos simultánemente sagrados e ilegibles (en los países comunistas nadie los lee y todos juran en vano sobre ellos).
La degradación de la publicidad es una de las fases de la operación que llamamos consumo. Transformadas en golosinas, las obras son literalmente deglutidas, ya que no gustadas, por lectores apresurados y distraídos.
Algunos desesperados de talento oponen a las facilidades un texto impenetrable. Recurso suicida. La verdadera defensa de la obra consiste en irritar y seducir la atención del lector con un texto que pueda leerse de muchas maneras. El ejemplo mayor es Finnegans Wake; la dificultad de ese libro no depende de que su significado sea inaccesible sino de que es múltiple: cada frase y cada palabra es un haz de sentidos, un puñado de semillas semánticas que Joyce siembra en nuestras orejas con la esperanza de que germinen en nuestra cabeza. Ixión convertido en libro, Ixión y sus reflexiones, flexiones y fluxiones.
Una obra que dura - lo que llamamos: un clásico - es una obra que no cesa de producir nuevos significados. Las grandes obras se reproducen a sí mismas en sus distintos lectores y así continuamente. De la capacidad de auto producción se sigue la pluralidad de significados y de ésta la multiplicidad de lecturas. Sólo hay una manera de leer las últimas noticias del Diario, pero hay muchas de leer a Cervantes. El periódico es hijo de la publicidad y ella lo devora: es un lenguaje que se usa y que, al usarse, se gasta y termina en el cesto de basura; el Quijote es un lenguaje que al usarse se reproduce y se vuelve otro. Es una transparencia ambigua: el sentido deja ver otros posibles sentidos.”
(O. PAZ)
«La fe del inventor en algo todavía ignorado que él tiene que alumbrar, para que él haya de precipitarse a los abismos y entregar toda su alma al caos, esa fe es cosa eminentemente sagrada; por eso es tan vulnerable y sus heridas tan sensibles, tan difíciles de curar… Tal es el espanto que habita en el corazón del hombre más valiente, en el pensamiento del universo inefable, que no se doblega a nuestras tentativas, sino que se sirve de nosotros para sus experimentos y sus diversiones».
Se aprecia la amargura que rezuma en estas últimas palabras. Toda la voluntad del artista es impotente para vencer la resistencia que a sus fines propios oponen los fines ignorados de la naturaleza. El sentimiento de ser movidos, por no decir manejados, por unas fuerzas más poderosas que las nuestras, no dejará de ser, en la poesía y en el arte, cada vez más agudo, más dominante.
«Es falso decir: Pienso. Se debería decir: Me piensan».
Partiendo de aquí, todo el campo es para la cuestión:
¿Lo que creamos es nuestro?”***
(A.B.)
Iglesia del Surf del Cristo Risueño de la Costa LTD. MMXXVI ©
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