martes, 27 de octubre de 2026

ALTAZOR


“Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el Equinoccio, 
bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.

Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. 
Lanzaba suspiros de acróbata.

Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.
Amo la noche, sombrero de todos los días.
La noche, la noche del día, del día al día siguiente.

Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer.
Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos.
Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: 
«Entre una estrella y dos golondrinas.» 

He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arcoiris.
Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios 
de la muerte.

(...)

Hacia las dos aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas
y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.

Allá lejos, todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto,
comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de
aurora incontestable.

Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas
desmesuradamente infladas.

Entonces oí hablar al Creador, sin nombre, que es un simple hueco 
en el vacío, hermoso, como un ombligo.

(...)

Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. 
La tumba abierta con todos sus imanes. 
Y esto te lo digo a ti, 
a ti que cuando sonríes
haces pensar en el comienzo del mundo.

Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita
concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.
Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos
pensamientos las casillas de mi tablero:

«Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas
partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos 
de placer o de agonía.

»Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
»Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte.
»Un poema es una cosa que será.
»Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
»Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
»Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
»Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco.»

Tomo mi paracaídas, y del borde de mi estrella en marcha me lanzo 
a la atmósfera del último suspiro.
Ruedo interminablemente sobre las rocas de los sueños, ruedo entre 
las  nubes de la muerte.

Encuentro a la Virgen sentada en una rosa, y me dice:

»Mira mis manos: son transparentes como las bombillas eléctricas. 
¿Ves los filamentos de donde corre la sangre de mi luz intacta?
»Mira mi aureola. Tiene algunas saltaduras, lo que prueba mi ancianidad.

»Soy la Virgen, la Virgen sin mancha de tinta humana, 
la única que no lo sea a medias, 
y soy la capitana de las otras once mil que estaban en verdad
demasiado restauradas.

»Hablo una lengua que llena los corazones según la ley de las nubes
comunicantes.
»Digo siempre adiós, y me quedo.
»Ámame, hijo mío, pues adoro tu poesía y te enseñaré proezas aéreas.
»Tengo tanta necesidad de ternura, besa mis cabellos, los he lavado esta
mañana en las nubes del alba y ahora quiero dormirme sobre el colchón 
de la neblina intermitente.

»Mis miradas son un alambre en el horizonte para el descanso de las
golondrinas.

»Ámame.»

Me puse de rodillas en el espacio circular y la Virgen se elevó y vino 
a sentarse en mi paracaídas.
Me dormí y recité entonces mis más hermosos poemas.
Las llamas de mi poesía secaron los cabellos de la Virgen, 
que me dijo gracias y se alejó, sentada sobre su rosa blanda.
Y heme aquí, solo, como el pequeño huérfano de los naufragios anónimos.
Ah, qué hermoso..., qué hermoso.”
(Altazor; HUIDOBRO)
Iglesia del Surf del Cristo Risueño de la Costa LTD. MMXXVI ©

No hay comentarios:

Publicar un comentario