viernes, 14 de agosto de 2026

El Déspota Afrikano invadiendo Aragón y Polonia

*Autorretrato Paranoico-Crítico Pseudo-Imperial como el Déspota Afrikano (arcano del Tarot Etteilla) invadiendo Aragón y Polonia a la Manera de Ubu Rey.


Nacido, como un Loco por Cristo, al hilo de un eclipse en la mezquita y el sonar lejano de campanas olvidadas. Se dice que su llanto inauguró un año bisiesto de insurrección mental: llevaba en sus puños tatuado un alfabeto prohibido y en la frente el signo muerto de una Rosa negra. 

Aprendió a descifrar los misteriosos signos velados del Tarot, a leer los jeroglíficos visibles (invisibles al resto) de entre las rendijas de la llamada Realidad, así como las morfologías secretas de los Astros distantes.  Y a contar cruces y crucecitas en cada esquina, paseando entre silbidos, en callejones muertos de hambre y locura.  Aprendizaje nigromante: con júbilo ser sombra de sí mismo, revolcarse en la putrefacción íntima de la Carne para descubrir la Luz adentro, cantando sueños obscenos de Santidad, con la risa aguda del Loco rasgando el velo de la noche y el Cementerio.

En el laberinto de ciudades-fantasma podridas por la ciega modernidad de Españaña, bajo un Sol agonizante, en aquel país de tuertos y reyes ciegos, se enfrentó a sofistas de corazón sucio, uñas sucias y sucias manos; a críticos filisteos de calzón largo y cagado de pedantería. Se contaba en susurros que había pasado hambre en madrigueras de conspiradores literarios; que impostores culturales y artistas falsarios embadurnaron sus alambiques y lo tacharon de charlatán. El viento traía murmullos: “¡Aquel lunático escribe con tinta de luciérnagas y blasfema invocando un calculado CAOS!” – le gritaban al paso, apresándolo con dogmas de farsa que hieren la mente, el buen gusto y el corazón puro. 

Pero él sonreía hacia el infinito, y sonreía… porque el desprecio del mundo no es sino purga de Nigredo.

El Loco atravesó el obitorio cósmico de la cordura, aquel umbral donde los colores se vuelven números y los demonios recitan tangos mientras juegan ajedrez. 

En su peregrinaje interior enfrentó extatismos de locura y desasosiego. Caminó meditabundo por noches de fuego blanco y mañanas de lluvia carmesí, donde los espejos le devolvían su imagen con antifaces distintos. A veces, en el silencio de la noche, tomaba pluma y trataba de atrapar el relámpago con palabras, delirando sobre cifras inmemoriales y alquimias sublimadas en evaporación, ahora olvidadas y enterradas vivas.

Pero... el caballero Loco por la Rosa y Cristo renace soberano y ominoso – y cubierto por las rojas y doradas escamas del Fénix. Bajo la forma del esqueleto viviente o de vértebra encarnada en leyenda, emergerá de la tumba umbilical con su obra de Ether transfigurada, alzada como bandera de Yihad, de Guerra Mística y Santa.

Conquistará espiritualmente: no con ejércitos de hombres sino con delirios de redención. Llegará vestido de bibliófilo reverenciado y con una oración de anarquía a los labios cosida; armado con los emblemas de su cofradía   – un sable cuyas inscripciones son cadáveres de dioses menores, un estandarte donde está bordado el mapa secreto del absurdo cósmico y una calavera como broche e insignia del Negro Magisterio – cabalga una última vez hacia la luz difusa del mañana.

Sobre un corcel Imperial se yergue con el rostro severo de quien lo ha visto todo, y con una ceja eternamente enarcada al infinito. A sus pies yacen rendidos los enemigos del Espíritu: polillas intelectualistas, mercaderes de la nada, vendedores de humo embotellado y apilados a cientos: los sonrientes cráneos de dogma fracasados. 

Retumban tambores de guerra en el Alba de los mundos nuevos, martillando el nombre del Caballero de la Cruz y la Rosa en las catacumbas celestiales. Sobre su cabeza flota el Ángel del Juicio – mitad figura angelical, mitad quinqué fantasmal –, dibujando runas de fuego en el aire. Un aura se derrama alrededor: un remolino de locura lúcida, iluminación incendiada y satírica Victoria. Las constelaciones se retuercen en júbilo y un poeta beodo y bizco de alucinaciones, proclama la hermandad eterna de la risa y la herejía, justo en el instante en que el caballero mira al horizonte con ese gesto suelto del predestinado.

La misma ley pone límites a la mentira y al absurdo, 
lo que es su propia destrucción, pues como dice Gaston Diehl:
En el desgaste se manifiestan los verdaderos talentos.***
(L+C)
Iglesia del Surf del Cristo Risueño de la Costa LTD. MMXXVI ©

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