
“Lo sé todo”, diría Mona-Lisa “serena y sin deseos, no obstante mi misión consiste en distribuir el deseo, pues mi enigma lo fomenta y desarrolla en todos aquellos que me contemplan, soy el gracioso Pentáculo de Vinci, manifiesto su alma, que nunca se fijó porque veía demasiado alto y demasiado profundo.”
¿POR QUÉ SE ATACA A LA GIOCONDA?***
“El misterioso atractivo que ejerce la obra maestra de Leonardo, para las agresiones de todo género, se explica por vez primera gracias a la ayuda de Sigmund Freud.
Era inevitable que Salvador Dalí revelase públicamente por qué La Gioconda -un «mero retrato» pintado por el más complejo y ambiguo de todos los artistas ha tenido el poder, único en toda la historia del arte, de provocar las más violentas y diversas formas de agresión.
La Gioconda padece dos géneros de ataques característicos importantes, debido a su presencia de arquetipo:
1. El ataque ultraintelectual perpetrado por el movimiento Dadá. Marcel Duchamp, en 1919, dibuja unos bigotes y una perilla sobre una reproducción de la Mona Lisa; y, debajo, traza la famosa inscripción «L.H.O.O.Q.» (Ella tiene el culo caliente).
2. El tipo primitivo o ingenuo de agresión, perpetrado por anónimos más o menos bolivianos. Se manifiesta por el hecho de lanzar una piedra contra el cuadro o por su robo provisional. Se trata, en el primer caso, de una agresión cometida por un artista contra una obra maestra que concreta, en el grado más alto, la idealización artística.
Ello se puede explicar por una apreciación de Freud, a quien debemos esta sublime definición del héroe: «El hombre en rebelión contra la autoridad del padre y quien, finalmente, triunfa sobre ella». Esta definición es la antítesis de Dadá que representaba una culminación de la actitud antiheroica y antinietzscheana ante la vida. Dadá busca la zona erógena anal de La Gioconda; y, sin dejar de aceptar «la agitación térmica» de la Madre como obra de arte, se rebela contra su idealización masculinizándola. Dadá pinta los bigotes del padre sobre La Gioconda con objeto de asegurar su ayuda en la denigración del arte. En ese gesto se encarnaban los aspectos antiartístico, antiheroico, antiglorificación y antisublime de Dadá.
Para explicar las «agresiones ingenuas» dirigidas contra La Gioconda, con referencia a la revelación freudiana de la libido de Leonardo y a sus visiones subconscientes y eróticas con respecto a su madre, nos hace falta el genio de Michelangelo Antonioni (único en la historia del cine) que filmaría la siguiente escena: un hijo, simpIe e ingenuo, inconscientemente prendado de su madre, devastado por el complejo de Edipo, visita un museo. Para ese ingenuo, más o menos boliviano, el museo es el equivalente de una casa pública; casa pública, es decir, burdel; y la semejanza se refuerza por la abundancia de objetos eróticos que allí encuentra: desnudos, esculturas escandalosas, Rubens. En una promiscuidad tan sensual y libidinosa, el hijo edípico queda estupefacto al descubrir un retrato de su propia madre, que transfigura el máximo de la idealización femenina. ¡SU propia madre, aquí! Peor aún, su madre le sonríe de manera ambigua que, en semejante ambiente, sólo le puede parecer equívoco e indigno. La agresión es la única respuesta posible a tal sonrisa; a menos que robe el cuadro para sustraerlo piadosamente al escándalo y la vergüenza de la exposición en una casa pública.
Que aquel que pueda proponer otras explicacíones a propósito de los ataques que ha padecido La Gioconda me arroje su primera piedra. La recogeré y proseguiré mi trabajo de edificador de la Verdad.”
(S. DALÍ)
Iglesia del Surf del Cristo Risueño de la Costa LTD. MMXXVI ©
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